Por Boris J. Pinto B.
I wish we’d all been ready es una de las canciones clásicas de la música cristiana de todos los tiempos, compuesta por Larry Norman, uno de los grandes pioneros de lo que hoy en día llamamos música cristiana contemporánea. Su letra, evidencia el trasfondo dispensacionalista desde el cual fue concebida, un trasfondo escatológico que caracterizó la ebullición del Jesus Movement en varias Iglesias de los Estados Unidos (principalmente en la costa Oeste) durante los últimos años de la década de los sesenta y la primera mitad de los setenta.
Un hombre y su esposa duermen en cama
ella escucha un sonido
Gira su cabeza y él se ha ido
Desearía que todos estuviéramos listos
Dos hombres subiendo una colina, uno desaparece y
el otro es dejado
Desearía que todos estuviéramos listos
No hay tiempo para cambiar tu mente
El Hijo ha venido y tu has sido dejado atrás.
Este tema de Larry Norman, se convertiría no sólo en uno de los himnos icónicos del Movimiento por Jesús, sino también en el tema principal de una de las muchas cintas que alrededor del tema del Rapto se produjeron en aquellos años: Like a thief in the night de 1972, dirigida por Russell S Doughten. La inminencia del rapto pretribulacional, los signos inequívocos de los tiempos finales representados en la guerra de Vietnam, la guerra fría y el ascenso de la contracultura californiana, encontraban un asidero en la procedencia dispensacionalista de las iglesias pentecostales que promovieron el Movimiento de Jesús y en la enorme difusión del libro de Hal Lindsey Late Great Planet Earth (La agonía del gran planeta Tierra), una publicación que de manera sucinta y rotunda, resumía las evidencias históricas que anunciarían el fin de los tiempos y se atrevía incluso a señalar con fechas y detalles precisos, eventos finales como el año del rapto de la Iglesia (que según Lindsey tendría lugar en 1981) y siete años después, en 1988, la Segunda venida de Cristo, triunfante, con su Iglesia, para inaugurar el milenio, tras derrotar a las huestes del Anticristo en la batalla final de Armagedón. Por supuesto, las fechas propuestas por Lindsey no se cumplieron, y fueron muchos los Jesus Freaks defraudados al ver que lo que cantaron, recibieron y enseñaron con ardor por más de diez años, no se había cumplido de la forma en que esperaban según La agonía del gran planeta Tierra.
Como muchos otros aspectos derivados de la interpretación bíblica, el dispensacionalismo no escapa al debate y a la controversia hermenéutica. A tal punto llega el debate, que hoy por hoy las iglesias evangélicas son divididas por muchos en dos grandes ramificaciones, la mayor parte de las veces, hostiles en sus apreciaciones más sensibles acerca de las aproximaciones bíblicas y sus consecuencias eclesiales. Hace algunas semanas, llamé a alguna congregación cristiana (quizá sea el único epíteto en cual estemos de acuerdo), a solicitar algún servicio. La respuesta de la persona encargada fue precedida por la consabida contraseña de identificación (algo así como shibolet o sibolet, para dejar pasar a los nuestros y degollar a los extraños, en la contienda entre galaaditas y efrateos, como narra Jueces 12:6), “Hermano, ¿es usted dispensacionalista o reformado?” El tono de la pregunta denota la suspicacia que la aproximación dispensacionalista ha despertado respecto a otras vertientes teológicas más antiguas y ortodoxas.
El dispensacionalismo ha sido interpretado como una postura teológico-hermenéutica que propone concebir la historia bíblica y el devenir de los diálogos entre Dios y los hombres en sucesivos períodos de tiempo identificables en la narración bíblica según siete momentos o dispensaciones que pueden ser resumidas así:
1. Inocencia – Adán hasta la caída (Gn. 1: 26-3: 24)
2. Conciencia – Desde la caída hasta Noe (Gn. 3: 22-7: 23)
3. Gobierno Humano – Desde el diluvio hasta la construcción de la Torre de Babel. (Gn. 8: 20-11: 9)
4. La Promesa – Desde Abraham hasta Sinaí (Gn. 12: 1- Ex. 19:
5. La Ley – Desde Sinaí hasta la cruz (Ex. 19: 8- Mt. 27: 35 –la cruz)
6. Gracia – Desde la cruz hasta la segunda Venida (Juan 1: 17)
7. El Reino – Mil años desde la Segunda Venida hasta el Reino Eterno (Efesios 1: 10)
Cada periodo de tiempo, o dispensación, correspondería, según esta aproximación, a un período de aproximadamente mil años, en el cuál, Dios revela un propósito específico de su voluntad y mediante el cual, su pueblo es puesto a prueba de acuerdo a dicha revelación. Cada dispensación concluye con una crisis rotunda que marca el punto de inflexión de una dispensación a otra en una dinámica sucesiva cuyo fin último es la glorificación de Dios y la declaración inequívoca de su soberanía sobre la historia y de su gracia eterna para con su pueblo. Así la dispensación de la inocencia termina con la expulsión del Edén (el ángel con la espada flameante), la dispensación de la Conciencia, con el diluvio, la dispensación del Gobierno Humano, con la confusión de las lenguas (torre de Babel). La dispensación de la Promesa, con el juicio de Dios sobre Egipto (plagas, sangre, Cordero Pascual). La dispensación de la ley, termina con la crucifixión, la dispensación de la Gracia y de la Iglesia, en la que nos encontramos con el arrebatamiento secreto y la gran tribulación, y la dispensación del Reino Milenial, termina con la derrota final de Satanás y el juicio ante el gran trono blanco.
La historia del movimiento dispensacionalista es tradicionalmente atribuida a la iniciativa y los esfuerzos del predicador irlandés John Nelson Derby alrededor del año de 1830, quien, descontento con la rigidez formal de la iglesia anglicana oficial, como muchos otros en Inglaterra, en medio de la enorme proliferación de denominaciones evangélicas desde los días de Elizabeth I, decidió escindirse hacia una iglesia congregacionalista, los Hermanos de Plymouth (Plymouth Bethren), en cuyo seno comenzó a estructurar sus ideas, las cuáles cobraron fuerza en Norteamérica desde 1875 gracias a sus viajes, a su enérgica predicación y al establecimiento de un movimiento interdenominacional “La Conferencia Bíblica del Niágara”, lo cual cobró mayor impulso gracias a la posterior creación de institutos bíblicos que estructuraron las enseñanzas dispensacionalistas, como el Seminario Teológico de Dallas, el Instituto Teológico de Filadelfia, el Instituto Bíblico Moody y la publicación en 1909 de la Biblia Scofield, que añadió las interpretaciones heredadas de Darby con notas a pie de página de la Biblia. Todas estas instancias contribuyeron a sentar las premisas de un dispensacionalismo esencialista: Una distinción entre Israel y la Iglesia, Un principio consistente de interpretación literal a toda la Biblia, la división de la historia bíblica en siete dispensaciones, una postura pre-tribulacionista y pre-mileniarista.
Los defensores del dispensacionalismo, ofrecen varios argumentos en favor de esta aproximación hermenéutica. Algunos ven en esta lectura, una división lógica de la doctrina bíblica cuyo resultado es un método de interpretación eficaz que permite comprender el progreso de la revelación en la Biblia. Al aproximar el término “dispensación” a los términos “administración, mayordomía, economía”, cada dispensación es entendida como una economía histórica y espiritualmente perceptible, que permite comprender los sucesivos momentos de una revelación progresiva, a través de los cuáles Dios manifiesta por etapas Su propósito final. Esta comprensión, permite a los creyentes acercarse a través de estos límites reconocibles en la historia bíblica, a una interpretación de la historia humana, y leer desde ella, los signos inequívocos de los tiempos. Le permiten a la Iglesia, también, según la escatología dispensacionalista, reconocer los términos exactos de los eventos finales, y el estar de continuo preparada para “cuando todas estas cosas empiecen a suceder” y así, como una virgen prudente, llenar su lámpara en espera de su Señor que está por venir. Por otra parte, algunos autores pertenecientes a lo que recientemente se ha denominado el dispensacionalismo progresivo, como Craig Blaising y Darrell Bock, proponen la utilidad de los presupuestos dispensacionalistas, al comprender a la Iglesia como la forma inaugural del Reino de Dios, por lo cual, la Iglesia debe extender sus sistemas de valores a la sociedad y sus perspectivas éticas, entendidas dentro del concepto del ministerio social de la Iglesia. Esta extensión social y política, parte del dispensacionalismo como una base revelacional que permite la comprensión de la historia humana a partir de la doctrina bíblica, gracias a lo cual, la Iglesia puede comprender la inserción de su mensaje en las contingencias de la historia y de ahí, su pertinencia como lugar de redención social hasta el advenimiento de la séptima dispensación, en que la Iglesia será arrebatada en secreto. 1
Por otra parte, los detractores de este sistema, sugieren otras interpretaciones contrarias.
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Los orígenes confusos de la escatología dispensacionalista. Algunos autores sostienen que la iniciativa de John Nelson Darby, tiene como trasfondo las experiencias místicas de una joven escocesa de 15 años, Margaret Mc Donald, en el mes de Abril de 1830 en Port Glasgow, durante un culto carismático en aquel puerto escocés.
Según esta «revelación», la segunda venida de Cristo tendría lugar en dos etapas: la primera, para recoger a un grupo selecto de creyentes, que sería arrebatado al cielo para ir al encuentro del Señor antes de la aparición del Anticristo, antes de la gran tribulación. Un amigo de la familia, R. Norton, escribió el relato de la «visión», insistiendo en que era la primera vez que alguien dividiese en dos la segunda venida. Estos escritos han estado fuera de circulación durante mucho tiempo, hasta que la labor infatigable de investigadores como Dave McPherson dio su fruto con el hallazgo de los documentos que de modo irrefutable el verdadero origen de lo que constituye el núcleo mismo del dispensacionalismo: el arrebatamiento secreto de la Iglesia, para dar paso al cumplimiento final de todas las profecías relativas a Israel. 1
Otros, sitúan el origen del movimiento en una especie de prehistoria dispensacionalista, y premileniarista en el siglo XIX, señalando a Edward irving, uno de los precursores de los movimientos pentecostal y carismáticos (algunos sostienen que Margaret Mc Donald era de hecho discípula de Irving)
En 1826 Irving fue introducido a los puntos de vista de Manuel Lacunza, un jesuita español quien escribió un libro bajo el seudónimo de Juan Jozafat Ben-Ezra, alegando ser un Judío converso, titulado “El retorno del Mesías en Gloria y Majestad”. Lagunza interpretó los primeros tres capítulos del libro del Apocalipsis, en los cuáles describía los eventos que estaban por ocurrir.
Irving estaba muy excitado por las especulaciones de Lagunza, por lo cuál aprendió español con la intención de traducir y publicar el trabajo en inglés. Irving añadió un prefacio de 203 páginas a la traducción en la cual el presentó con gran convicción sus propias especulaciones proféticas acerca del fin del mundo, prediciendo la apostasía del cristianismo, la subsecuente restauración de los judíos y finalmente el inminente retorno de Cristo. 2
La publicación del libro de Irving en 1828, Los dias finales: Un discurso acerca del carácter malvado de estos nuestros tiempos, un libro de más de 500 páginas, sentaba ya las bases de una postura dispensacional, que según lo escrito por Irving habría de suceder en su generación.
Los tiempos y el cumplimiento de los tiempos, tan a menudo mencionados en el Nuevo Testamento, los considero como referentes al gran periodo numerado por tiempos…Ahora, si ese razonamiento es correcto, debe haber poca duda respecto a que los 1260 días concluyeron en el año 1792, y los treinta días adicionales en el año 1823, por lo cual hemos entrado ya en los días finales, y la vida ordinaria de un hombre nos llevará a muchos de nosotros hasta el fin de ellos. 3
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La inexistencia de los postulados dispensacionalistas en la tradición de la Iglesia. Aunque algunos atribuyen inclinaciones dispensacionales en teólogos de la era patrística como San Agustín de Hipona, realmente no hay asideros históricos para informar con impunidad semejante aseveración. El dispensacionalismo es, sin lugar a dudas, una aproximación hermenéutica muy reciente, que abarca poco más de un siglo. Así como Arminio alegaba que la doctrina de la predestinación esbozada y estructurada desde la Iglesia calvinista, no se correspondía con un tema de debate al interior de los primeros concilios de la Iglesia (Nicea, Constantinopla, Éfeso, etc), de la misma manera, las iglesias oficiales y en especial la iglesia reformada, alega que la teología dispensacional no fue tema de debate ni en las congregaciones luteranas, ni en las calvinistas y ni siquiera en otras denominaciones arminianas como las iglesias metodistas fundadas por John Wesley.
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La división “arbitraria” de la Escritura como una unidad orgánica, armónica y suficiente en sí misma. La Confesión de fe de Westminster establece claramente la preeminencia de la Escritura como un todo armónico y autoconsistente. La Escritura se explica a sí misma según la analogía de la fé. La postura reformada desaprueba la división de la Escritura en siete dispensaciones, según algunos, contradictorias entre sí en muchos aspectos, en las cuáles “la tendencia es confinar o concentrar cada una de estas características específicas en su propio periodo, y establecer cada periodo definitivamente y distintivamente en contra e incluso en desacuerdo con los otros. Esto lleva a una exégesis tensa y a métodos forzados de inclusión los cuales son peligrosos en extremo”. 4
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El Dispensacionalismo sistemático se opone a la tradición de la Teología Pactal. Tradicionalmente, La teología Reformada clásica enseñaba tres pactos: el pacto de redención (pactum salutis), el pacto de obras (foedus operum) y el pacto de gracia (foedus gratiae). La Teología del Pacto estructura la integridad del testimonio Bíblico, de donde cada pacto se corresponde con una revelación de la naturaleza Divina y sus propósitos históricos, por lo cual, la Teoría Pactal articula el canon bíblico como un todo.
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La distinción entre un pueblo terrenal (Israel) y un pueblo celestial (la Iglesia). Si bien el Antiguo Testamento es claro en que Israel, el pueblo descendiente de la simiente de Sem, según la promesa dada a Abraham, es el pueblo escogido por Dios, la Iglesia, resultado de la extensión de los términos del pacto a los gentiles a través de la fe en Jesucristo (Ro 11), es un propósito divino esbozado desde el Antiguo testamento (Jonás 4).
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La división de la segunda venida de Cristo en dos eventos separados. Las confesiones reformadas, así como la iglesia católica, parten de un acuerdo respecto a una única Segunda Venida gloriosa de Cristo por su Iglesia. Según algunos autores, El dispensacionalismo introduce en la historia del cristianismo una postura pre-tribulacionista (lo cuál implicaría que la Iglesia, al ser raptada no sufriría los rigores de la Gran Tribulación), inexistente en la ortodoxia histórica de la Iglesia cristiana.
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La Iglesia concebida como un paréntesis histórico en el trato de Dios con su pueblo Israel. Las primeras 69 semanas de la profecía de Daniel capítulo 9, corresponderían a semanas de años equivalentes a 483 años sucesivos. Entre la semana 69 y la semana 70 de Daniel, aparece entonces un paréntesis histórico cuya extensión es indefinida, en el cuál la iglesia cristiana es fundada. Al final de este paréntesis, empieza la última semana de Daniel, los últimos siete años, con el rapto secreto de la Iglesia, evento que marca el comienzo de la Gran Tribulación. A la mitad de la semana, (tres años y medio), tendrá lugar la abominación desoladora, la manifestación del Anticristo y al final de los siete años, el advenimiento glorioso de Cristo, con su Iglesia triunfante, la derrota del mal, el juicio y el establecimiento del milenio. Para muchos, la consideración de la Iglesia como un paréntesis histórico en los planes de Dios, corresponde a ignorar las referencias veladas acerca de la Iglesia en el Antiguo Testamento y las referencias manifiestas en las palabras de Jesús acerca de la Iglesia como un propósito Divino desde la fundación de los Siglos.
Según la Biblia Scofield, cuatro formas del Evangelio deben ser distinguidas.” Ellas son el Evangelio del reino, el Evangelio de la gracia de Dios, el Evangelio eterno, y lo que Pablo llama “mi Evangelio.” Esto por supuesto, contradice la unicidad de la Escritura y el carácter unívoco del Evangelio según la tradición de la Iglesia, de donde la Cruz tendría valor únicamente durante la era de la iglesia y no en el curso de la historia y el devenir humanos como el punto definitivo de inflexión de la historia.
1) El Evangelio del reino. Este es la buena nueva que Dios se propone establecer en la tierra, en cumplimiento del Pacto Davídico (2 Sam 7:16, y refs.); un reino político, espiritual, Israelita, universal, sobre el cual el Hijo de Dios, el heredero de David, será el Rey, y el cual será, por mil años, la manifestación de la justicia de Dios en asuntos humanos. Ver Mateo 3:2, nota. Dos predicaciones de este Evangelio son mencionadas, una pasada, iniciando con el ministerio de Juan el Bautista, continuada por nuestro Señor y sus Discípulos, y terminando con el rechazo Judío del Rey. La otra es futura (Mat. 24:14), durante la gran tribulación, e inmediatamente precediendo a la venida del Rey en gloria.
(2) El Evangelio de la gracia de Dios. Esta es la buena nueva de que Jesucristo, el Rey rechazado, ha muerto en la cruz por los pecados del mundo, que Él resucitó de los muertos para nuestra justificación, y que por Él todo los que creen son justificados de todas las cosas. Esta forma del Evangelio es descrito de muchas maneras. Es el Evangelio de Dios’ (Rom. 1:1), porque se origina en su amor; ‘de Cristo’ (2 Cor. 10:14) porque fluye de su sacrificio, y porque Él es el único Objeto de la fe del Evangelio; de ‘la gracia de Dios’ (Hch. 20:24) porque salva a aquellos a quienes la ley maldice; de ‘la gloria’ (1 Tim. 1:11; 2 Cor. 4:4) porque tiene que ver con Aquel que es la gloria, y quien está llevando a muchos hijos a la gloria (He 2:10); de nuestra ‘salvación’ (Ef. 1:13) porque es el ‘poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Ro. 1:16); de ‘la incircuncisión’ (Gál. 2:7) porque salva completamente aparte de las formas y ordenanzas; de ‘paz’ (Ef. 6:15) porque a través de Cristo hace la paz entre el pecador y Dios, e imparte paz interna.” (p. 1343, nota 1). Lo más alarmante acerca de estas dos “formas” del Evangelio, cuando las comparamos, mes su mutua exclusividad. La una habla del Rey Davídico, la otra del Salvador crucificado y resucitado. El Evangelio de la gracia de Dios—en una palabra, la Cruz—pertenece a la era de la Iglesia; el Evangelio del reino fue predicado antes de que la iglesia fuera fundada y debe ser predicado después de que la iglesia sea “raptada.” 5
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Los múltiples errores de interpretación escatológica que su aplicación ha suscitado. Edward Irving escribió que la última semana tendría lugar en su generación. Lo mismo sucedió con las profecías de líder anabaptista Melchior Hofmann quien anunció el regreso de Cristo para el año 1534, igual con el libro de Hal Lindsay y con muchas otras otras interpretaciones marginales y erráticas a lo largo del siglo XX.
La separación entre el Reino y la Iglesia que es no escritural como peligrosa, conduce a uno de los errores más serios del Dispensacionalismo, la tendencia a minimizar la importancia de la presente era del Evangelio en el interés de la era del Reino que está por venir.
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La palabra oikonomia (dispensación), cuya traducción significa mayordomía, administración, superintendencia, o la dirección de la propiedad de otros, no se corresponde con el sentido de tiempo o período que sugiere Scofield.
Estas y muchas otras discrepancias se oponen a la afirmación de la teología dispensacionalista, si bien es cierto que la última etapa de esta interpretación, el dispensacionalismo progresivo encuentra mayor aceptación entre algunos autores reformados, gracias a una visión más dinámica y estructural de la historia bíblica y un menor énfasis en las distinciones entre Israel y la Iglesia. Otros, sustentan sus divergencias en el supuesto de que esta teoría no es radicalmente práctica ni trascendental para el ejercicio de la iglesia, pero si ha servido para fabricar superéxitos de ventas de libros como Late Great Planet Earth, o la serie de Tim La Haye y Jerry B. Jenkins, Left Behind (Dejados atrás), además de múltiples películas, series y canciones sobre el tema, lo cual arroja sobre las posturas dispensacionalistas cierta suspicacia, pero no por ello puede invalidar como único argumento sus premisas fundamentales. Otros afirman que hay que recordar que el gran mago y satanista inglés Aleister Crowley, “la Bestia” como se llamó a sí mismo, era hijo de un líder de los Hermanos de Plymouth, argumento que tampoco es válido para deslegitimar un sistema hermenéutico. Más allá de las suspicacias, es importante encontrar la validez de un sistema teológico en diversas premisas confluentes que incluyen la aproximación hermenéutica (literal, alegórico, tipológico, etc), la procedencia histórica y los contextos interpretativos, la consistencia teológica (que no debiera escindirse de una lectura contextual y contingente) y la pertinencia en términos prácticos e históricos. A lo largo de la historia de la Iglesia, las interpretaciones a partir del sustrato bíblico han sido infinitas y en muchos casos, abiertamente contradictorias. El dispensacionalismo no es ni la única ni la última verdad revelada (aunque algunos han afirmado que el sello del fin de los tiempos del cuál habla Daniel 12 se abrió en el siglo XIX). En la cronología de la hermenéutica bíblica, es otra aproximación, que como todas las anteriores, ha suscitado enemigos y prosélitos. Algunos postulados enunciados por Lutero fueron duramente criticados por Juan Calvino. Algunos postulados calvinistas no fueron aceptados por Zwinglio o por Arminio. Los Bautistas Particulares son pro-calvinistas, mientras los Bautistas Generales son pro-arminianos. Los anabaptistas de hoy no piensan como pensaron sus predecesores en el siglo XVI, respecto a la poligamia y los vaticinios escatológicos de Jan Brockelson Los shakers de la Madre Ann Lee, se estremecían en sus cultos al danzar, mientras los cuáqueros aguardaban sentados la Luz Interior (The Inner Light) que George Fox les enseñó. La Alta Crítica (The Higuer Criticism), nacida en Alemania cuestionó la unicidad y la inspiración divinas de la Biblia y algunas denominaciones Congregacionalistas como la American Unitarian Association y la Universalist Church, llegaron a invalidar en su interpretación aspectos fundacionales mínimos de la cristiandad como el concepto de la Trinidad o la posibilidad real de la condenación eterna en algún lugar llamado Infierno. Algunos presbiterianos se hicieron dispensacionalistas y otros dispensacionalistas, con los años, se hicieron bautistas del sur. John Wesley admiró las enseñanzas de Von Zinzendorf y los pietistas moravos que conoció de regreso a Inglaterra tras su primer y fallido viaje misionero a Georgia, y el también pietista Johannes Kelpius lideró, a finales del siglo XVII, un grupo rosacrucista en Pensilvania. Los predicadores metodistas preferían extender sus congregaciones a través de los circuit riders, mientras los oradores bautistas solían ser pioneros, granjeros y predicadores itinerantes que una vez establecidos en un nuevo lugar, estaban disponibles para los servicios dominicales y los campamentos de avivamiento. Wesley no aceptó la llamada al altar (altar call) de los días de Charles Finney, así como tampoco consintió en la predestinación esbozada en la Confesión de fe de Westminster. Jonathan Edwards defendía la exuberancia espiritual de sus encuentros de avivamiento mientras Charles Chauncy se oponía radicalmente al entusiasmo desbordado de dichos campamentos.
Si hemos superado el escepticismo propio del Alto Criticismo alemán del siglo XIX y aun creemos que la Escritura es la Palabra de Dios revelada a los hombres, si creemos que en Ella está contenida la totalidad de Su revelación y su Propósito eterno, quizá tendremos que aceptar que si bien la Palabra de Dios es única, como Dios es Uno, quizás también sea cierto que definitivamente no todos escuchamos a Dios de la misma manera. La hermenéutica y la exégesis, son en últimas intentos humanos, sistematizados, lógicos e interpretativos que demuestran el enorme esfuerzo piadoso por auscultar lo inefable de parte de Dios. Asumir que existe un único sistema de interpretación y una hermenéutica unívoca, perfecta e inflexible, equivale a desconocer la multiplicidad de esfuerzos y las verdades emanadas así como las lecciones heredadas de cada uno de ellos. La hermenéutica bíblica no debe ser patrimonio exclusivo de la teología formal. Debe encontrar su plenitud en la iglesia y en cada creyente (lo que amplifica el enorme esfuerzo de Martín Lutero al traducir la Biblia a su lengua vernácula), lo cual demanda una interpretación literal desde premisas histórico gramaticales que nos permiten entender el sentido de los textos en el momento en que fueron escritos, y una posterior re-interpretación desde lo literal, hacia las contingencias y el contexto del tiempo presente en que es revisada la Escritura.. La contingencia no tiene porque invalidar la esencia. La esencia es una. Las contingencias son diarias, múltiples y contradictorias. Pero la esencia puede ser tolerante de acuerdo a las sazones y los tiempos, no acomodaticia ni resignada, pero tampoco inflexible e intransigente. Una esencia que se adapta y cambia en su forma y en su aspecto sin renunciar a la sustancia de su propia intemporalidad. Una hermenéutica dialogante, Literal en lo moral, alegórica en lo histórico, podría resumir alguno que intentara armonizar el papel de la alegoría en las sucesivas interpretaciones que algunos datos controversiales de la doctrina cristiana, amenazados por las ciencias naturales y la deconstrucción posmoderna, suscitan de forma particular en los libros de Génesis, Apocalipsis y en la literatura profética. Repensar el papel de la alegoría como una aproximación fenomenológica a la esencia de las Escrituras, como autoridad máxima y como base revelacional de la conducta cristiana, permitiría quizá una aproximación cada vez más cercana a lo esencial, cuya deducción por parte del creyente común y sencillo, muchas veces no requiere de mayores esfuerzos interpretativos, al entender la eternidad del amor de Dios, la regla de oro, la naturaleza del perdón, el milagro de la fe, la plenitud de la gracia, el amor como un don superior y un camino más excelente que cualquier otro don y cualquier otra virtud otorgada a la Iglesia, muchas veces, sin necesidad de complejas intermediaciones hermenéuticas y exegéticas Como afirma D.L Moody, uno de los más entusiastas promotores del dispensacionalismo en el siglo XIX:
El profesor Drummond cuenta que en África conoció a algunos nativos que se acordaban de David Livingstone. No entendían una sola de sus palabras, pero reconocieron en el gran misionero el lenguaje universal del amor. Hacía muchos años que no tenían contacto alguno con los cristianos, pero recordaban la personalidad bondadosa de Livingstone.
Es este mismo mensaje universal del amor, amor divino, amor parecido al de Cristo, que debemos poseer si queremos que el Señor nos utilice. El mundo poco entiende de dogmas o de teología, pero entiende la simpatía y el amor. Una acción bondadosa puede ser más potente y tener mayor alcance que el más elocuente de los sermones. 6
1 José Grau. Orígenes de la escatología dispensacionalista.
2 The Rapture and the Rupture Between Israel and the Church.
3 Edward Irving, The Last Days A Discourse on the Evil Character of These Our Times, Proving Them to be The ‘Perilous Times’ and the ‘Last Days’ (London, James Nisbit, 1850), pp. 10-22.
4 Oswald T. Allis. Op.cit.
5 Oswald T. Allis. Op.cit.
6 D.L Moody. 200 Anécdotas e ilustraciones. Editorial Portavoz, Grand Rapids Michigan USA, 2004. 56 p.