El Escribiente

“JESUS KILL FOR YOU”: Una Analogía de la Iglesia en la Babel Contemporánea

Agosto 22, 2008 · Dejar un comentario

 

                                                                                                    Por Manuel Pacavitta

 

Era una hermosa mañana soleada. Nos disponíamos con mi esposa a empezar el discipulado que cada domingo realizábamos en uno de los parques del centro de la Ciudad, cuando observamos a uno de nuestros discípulos esforzándose por compartir su fe a un ciudadano alemán que pasaba por allí. Tratando por todos los medios de hacerse entender y superar la barrera del idioma, nuestro amigo recurrió al lápiz y al papel. Con un limitado conocimiento del inglés escribió junto a una cruz que había dibujado la frase: “Jesus Kill for You” (“Jesús mata por ti”). Ante el rostro de asombro de aquel hombre, fue inevitable intervenir y corregir el error. Las risas de nuestros compañeros no se hicieron esperar así como las mejillas sonrojadas de nuestro intrépido evangelista; todo esto pasó a ser una simpática anécdota, como suele suceder entre amigos. No obstante la percepción de aquel instante produjo en mi profunda inquietud ¿Qué tan capaz es un hijo de Dios hacer frente a los cambios que paulatinamente afectan nuestro entorno? ¿Damos el mensaje correcto? Más aún ¿Reciben los demás la lectura correcta de lo que queremos decir?

 

Podría atreverme a decir que son dos los momentos históricos que marcan la presentación del cristianismo ante el mundo. Por un lado la Iglesia primitiva que sin lugar a dudas dejo una huella imborrable de vitalidad que trascendió por encima del Imperio Romano hasta nuestros días sin importar las presiones, las cadenas, la tortura y aun la misma muerte y por otro lado la iglesia de la posmodernidad que intenta abrirse paso en medio de una sociedad sin dogmas, pluralista y tolerante.  En ese orden de ideas, miramos al interior de nuestras iglesias y difícilmente encontramos personas conscientes de la realidad que viven, del suelo que pisan, del mundo en que habitan y por ende del futuro que viene. En algunos casos pareciera que algunos hubiesen quedado suspendidos en el tiempo y el espacio, y a la hora de compartir a Cristo se dan cuenta que el mundo en el cual estaban no es el mismo de hace unos pocos años y aunque el mensaje del evangelio es permanente e inmutable, son ellos los que han perdido vigencia y caído en lo anacrónico a la hora de presentarlo.

 

El ritmo de los cambios que se han sucedido en nuestra sociedad es verdaderamente frenético, se habla de la sociedad global, del cambio de paradigmas, de la hegemonía del los medios masivos de comunicación. Esta serie de sucesos ha hecho que nuestra sociedad – particularmente la occidental-  surja como una sociedad más compleja, con ambiciones de emancipación, ínfulas de libertad, pero presa de nuevas formas de esclavitud sicológica, moral y espiritual. Es en medio de esa maraña de angustias humanas donde la iglesia debería jugar un rol protagónico, interpretando esas deficiencias a la luz de la Palabra y llevando a los incrédulos al Señor; pero es precisamente en ese aspecto donde algunos hermanos presentan algunas falencias, pues han quedado paralizados en el guetto en la que la misma sociedad los ha encasillado: Showbizz cristiano, música cristiana, televisión cristiana, fiestas cristianas, etc cristiano – todo a la medida de un perfil cultural como tantos otros- y se ha perdido el carácter intrínseco del cristianismo transcultural; viviendo en un mundo diferente, en una “burbuja ideal” en ocasiones ajenos a la realidad de millones, que cuando son invitados a participar de “nuestro mundo” el discurso que esgrimimos resulta desgastado y poco acorde con las nuevas necesidades. No obstante la Iglesia avanza por la Gracia de Dios, pero pienso que interpretando y comprendiendo los fenómenos que nos rodean los resultados serían mejores.

 

Dicho lo anterior, no se trata de caer en el academicismo, o en un vano intelectualismo, es sencillamente hablar el mismo lenguaje que los demás hablan, así como el Señor departía con publicanos y pecadores, entendiendo sus sentires y sus pesares; es actuar conforme la oración que dirigió al Padre diciendo “Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal”. Es usar el evangelio inteligentemente, pues es el único capaz de interpretar los más profundos anhelos y angustias del hombre en medio de los diferentes escalones y lenguas de esta Babel contemporánea; como dijo Galileo: No me siento obligado a creer que un Dios que nos ha dotado de inteligencia, sentido común y raciocinio, tuviera como objetivo privarnos de su uso.”

 

Por cierto, aquel ciudadano alemán partió hacia su hogar con Jesús en su corazón y con la dirección de una iglesia donde se pudiera congregar, escrita en el mismo papel donde mi bien intencionado amigo le compartió. Allí está escrito “Jesus died for you”. Quiera Dios que no se tope con otras versiones de esta realidad…

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